miércoles, 9 de febrero de 2011

La Muela-Bermiego-Pedroveya-Las Xanas



Hacía tiempo que un compañero de trabajo, Pedro, gran aficionado al monte y yo estábamos dándole vueltas a la cabeza con la intención de realizar la ruta Bermiego-El Angliru-Villapará, así que lo preparamos todo estudiando los autobuses que teníamos que coger en un lado y en otro y nos pusimos manos a la obra.
Llego en tren a las ocho y diez de la mañana y como el autobús hacia Quiros sale de la estación central de Oviedo a las 9, aprovecho para metérme un buen desayuno entre pecho y espalda en la Cafetería Santa Clara enfrente de la estación, había que forrar porque el día iba a ser muy largo y de mucha caminata.
Después de desayunar y de leer el periódico llego a eso de las nueve menos cuarto a la estación de autobuses donde ya puedo ver a lo lejos a Pedro bien preparado con su mochila esperándome en la taquilla, preguntamos cual es la parada más cerca que nos puede dejar de Bermiego y muy amablemente la chica nos dice que en la Muela, haciendo antes un trasbordo en el cruce que se dirige a Teberga.
A eso de las diez menos diez llegamos a La Muela, que es justo en el cruce donde se coge el desvío hacia la izquierda hacia Bermiego, con un sol y un día que no creo que tengamos en todo el año muchos mas así, eso sí la temperatura era típica de febrero a esa hora el autobús marcaba cero grados, así que nos abrigamos y a empezar a caminar, como aperitivo y nada más empezar tuvimos que maternos en frío cuatro kilómetros y medio de dura subida y por asfalto, así que hacia la mitad ya paramos a quitarnos ropa y ya empezábamos a ver las primeras manchas de nieve por la carretera pero ni por casualidad contábamos con lo que nos iba a esperar luego.
Tras unos cincuenta minutos mas o menos de dura subida y ya con una gran sudada llegamos a Bermiego, nos dirigimos al bar-tienda del pueblo (horrible), donde Elena con su gran amabilidad de siempre nos puso un par de cafés de manga con gotes de orujo para entrar mas en calor del que ya traíamos, después de charrar un poco con ella y de que nos contara como llevaba el invierno, nos preparamos ahora sí para la gran caminata.
Nos acercamos al imponente roble que es donde podemos ver las indicaciones de un par de rutas, desde aquí nos acercamos al barrio alto del pueblo, denominado el Llano el cual alcanzamos en fuerte subida en poco tiempo, en este barrio todavía se pueden contemplar los restos de un antiguo palacio perteneciente a los señores de Ladreda, ya con abundante nieve la pista va ganando altura en fuertes repechos hacia la derecha, al poco llegamos a un pequeño collado donde teníamos muy buenas panorámicas del valle quirosano con el paisaje totalmente nevado.
Descendemos unos metros ya con la nieve hasta la parte alta de las polainas pero con la suerte de ir pisando unas huellas de algún grupo de montañero más madrugador que nosotros, lo que nos hacía el camino mucho más llevadero, vemos ahora un desvío hacia la derecha que conduce directamente a la Ermita de la Merced pero nosotros seguimos de frente por el camino y pisando las huellas ya echas en la nieve lo cual se agradecía.
Ya con bastante dificultad por la cantidad de nieve caída llegamos a la desviación de la ermita, intentamos ir hasta la fuente que hay a su lado pero la nevada era tan grande que no nos pudimos ni acercar, proseguimos entonces unos metros y en una cabaña próxima que le pegaba ya el sol mañanero encontramos al grupo de montañeros que nos iban abriendo paso con sus huellas.
Este grupo de montañeros no eran otros que los veteranos del Grupo de Montaña San Bernardo de Turón y a la cabeza de ellos uno de los montañeros más grandes que hay en Asturias y que mejor conoce esta zona ya que escribió barios libros sobre el Aramo, el gran Ángel Fernández Ortega, Ángel fue galardonado en el año 1983 como el mejor montañero asturiano por la Federación Asturiana de Montañismo, divulgó y divulga este deporte desde hace muchos años, hoy en día escribe sobre montaña todos los viernes en La Nueva España, llevó a cabo la señalización de Grandes Recorridos (GR), también publicó un montón de libros de montaña entre los más conocidos, Las 100 montañas más guapas de Asturias, Al Angliru por los caminos del Aramo y Paisajes y paisanajes de Asturias entre otros.
Paramos con ellos a charrar un poco mientras ellos daban buena cuenta a un suculento vermú con toda clase de embutidos y quesos, como tiene que ser, incluso bebiendo en porrón, aunque lo que más me llamo la atención era el instrumento que llevaban para trasportar dicho porrón, algo que nunca había visto y me hizo mucha gracia (ver foto).
Le pregunto al bueno de Ángel que cual sería la dirección buena desde aquí para ir al Angliru ya que con la nieve no se veía ni torta de caminos ni de senderos, al momento veo a Ángel echar las manos a la cabeza y decirme que si estamos chiflados que con la nevada que hay ellos van a dar la vuelta allí mismo, que mejor dábamos la vuelta con ellos que con lo que había caído esta semana no estaba la cosa para bromas y menos para subir al Angliru, así que enseguida nos quitó de la cabeza el subir al Angliru y nos comentó que como veía que no íbamos a dar la vuelta (muy cabezones los dos) que podíamos internar aunque el nos lo desaconsejaba al no llevar raquetas era ir hasta Pedrovella, pero que con la súper nevada que había no íbamos a ver ni el sendero ni nada por el estilo y que nos costaría un montón avanzar sin las susodichas raquetas.


El bonito y famoso pueblo de Bermiego.







Una señorina del pueblo que bajaba con mucho cuidado para no resbalar con la nieve y el hielo a por el pan al bar-tienda.







Nada más empezar a caminar ya se coge altura rápidamente y podíamos observar Bermiego a nuestros pies nevado.





Al poco de pasar por la parte alta del pueblo la cantidad de nieve aumentaba a pasos agigantados.




Poco antes de llegar a la capilla de La Merced la nevada era ya tan grande que dicha capilla casi ni se apreciaba y aquí la nieve ya nos tapaba las polainas.



Estos son parte de los componentes del grupo de montaña San Bernardo de Turón, que tan buenos consejos nos dieron si no llega a ser por ellos no se como hubiera terminado la cosa.




El famoso Ángel Fernández Ortega, uno de los grandes montañeros de Asturias y parte de la directiva del grupo de montaña San Bernardo de Turón.



Este aparato por así llamarlo esta echo con el nudo de una raíz de un árbol y esta buena gente montañera lo usa para transportar sin que se rompa el porrón y que mas tarde compartiríamos un buen trago de vino con ellos.


Bueno pues después de echar un trago con ellos, hacernos unas fotos todos juntos, nos despedimos del famoso grupo de veteranos y emprendemos nuestra marcha en solitario hacia Pedrovella, seguimos ahora hacia un pequeño grupo de cabañas que vemos a lo lejos turnándonos para ir abriendo huella ya que el que iba delante se hundía hasta la parte alta de las polainas lo cual nos hacía avanzar muy despacio.
Después de superar este grupo de cabañas llamado Linares nos acercamos a una portilla echa para que no pase el ganado, en este punto encontramos la última señal de la senda que se deja ver un poco entre la nieve, pero desde aquí ya ni señales ni camino ni nada de nada, que razón tenía Ángel de que diéramos la vuelta pero bueno como el día era espléndido lo tomamos con calma y más o menos como yo ya la había realizado hace años no hubo mayores problemas.
Llegamos ahora a la fuente del Bumbio donde paramos a descansar un poco y a refrescarnos, en esta zona yo creo que en andar cien metros con lo que nos hundíamos tardábamos por lo menos 20 minutos sin exagerar, en este punto empezó un poco la desesperación y no sabíamos si proseguir o dar la vuelta, ya no se apreciaba nada del camino y ya habíamos caído los dos en alguna que otra poza hundiéndonos hasta el pecho, de hay la falta de fotos en muchas zonas ya que la tercera vez que me hundí decidí cagarme en todo y guardar la cámara.


Después de comer un poco de fruta y decidir proseguir con la aventura (con raquetas hubiera sido preciosa esta ruta), llegamos a la collada de Pando de la Mortera (1.120m) máxima altura de toda la ruta, proseguimos en descenso con gran dificultad en dirección norte entre un precioso y pequeño bosque de carrascos que con la nieve estaban preciosos, lo cruzamos para llegar a la braña de Buxana, atravesamos en paso lento y levantando las rodillas hasta los hombros para ganar la collada Buxana, si desde este punto nos desplazamos unos metros hacia el oeste (izquierda) podríamos contemplar unas magníficas vistas de Serandi, San Martín y Proaza, pero como para desviaciones estábamos nosotros, así que lo dejamos para la próxima vez, poco a poco vamos descendiendo desde dicha collada y a lo lejos podemos observar a otros montañeros en una cabaña que intentaban hacer esta ruta desde Pedrovella hasta Bermiego, justo a la inversa que la nuestra pero nos comentaron una vez que los alcanzamos que en dicha cabaña desistieron por la cantidad de nieve y que regresaban a Pedrovella.
Desde este punto ya solo nos queda ir siguiendo el pequeño camino desdibujado para ir perdiendo altura poco a poco y llegar por fin hasta el pueblo de La Rebollada, también completamente nevado, ya desde este pueblo por carretera y con una gran mojadura nos dirigimos a Pedroveya donde paramos a almorzar al sol al lado del tejo de la iglesia y a esperar que nos secara un poco la ropa.

Una vez repuesto las fuerzas emprendemos el descenso por la ruta de Las Xanas hasta llegar al área recreativa del Molín de las Xanas donde nos lavamos un poco quitamos el barro y nos dirigimos al bar a tomar un par de cervezas frescas antes de que llegue el autobús que nos llevará de vuelta a Oviedo. En definitiva una autentica odisea pero con el día que hacía mereció la pena, así que espero que el mes que viene ya con menos nieve podamos realizar la ruta Bermiego-El Angliru-Villapará-Morcín.

Pablo Lara.
Tiempo: En situación normal 5 horas, nosotros 7 horas y media.
Dificultad: En situación normal baja, nosotros ALTA


Nada más dejar al grupo de montaña y ya sin huellas la cosa se empezaba a complicar.




El camino que íbamos dejando atrás.






Y el camino que nos esperaba por delante, menos mal que el sol y el buen tiempo nos acompañó en todo momento.





La famosa portilla para impedir el paso del ganado que hay en mitad del camino atestada de nieve.




Esta es la última señal visible de la ruta, a partir de este punto ya ni señales ni nada todo cubierto por la nieve.




La majada donde tanto ganado hay por el verano había desaparecido por completo igual que las indicaciones del camino.




Más de una vez tuvimos que ayudarnos de las manos para poder caminar.




Según perdíamos altura parecía que el camino se apreciaba algo más.




Y por fin a lo lejos Pedroveya.

1 comentario:

Cienfuegos dijo...

Menuda fartura nieve Pablo. Puff. Encima con lo papona que debía estar. Menuda xatada. Original ese "portaporrón", nunca vi nada igual, aunque lo mejor para el monte ye la bota de toda la vida, que esa no rompe tan fácilmente. Por cierto, todo un privilegio dejarse recomendar por Angel Fernández, ¿no?
Un saludo