martes, 29 de enero de 2008

Aciera - Villamejin

"Vamos de cultos por la vida.
Pero si la cultura consiste en conocer,
comprender y visitar nuestros propios pueblos
me temo que la mayor parte de nosotros somos
profundamente incultos.
Yo, desde luego, me considero enorme
y frustradamente ignorante.

Angeles Caso



Vista desde la collada de Aciera, con Peña Rueda al fondo.



Primeras pendientes al salir de Aciera


Falo tomando unas imagenes del valle de Quirós.


El Picu Gorrión y al fondo Peña Rueda sin nieve en Enero.


Llegando casi a la majada de Aciera.


Mak siempre esperando a que llegaramos todos.

En esta ocasión se cumplieron todos nuestros deseos ya que en esta ruta de montaña salió todo a pedir de boca, un día esplendido, todo amigos, la buena compañía de dos perrinos (mak y Titán) y una buena pitanza en Proaza para terminar la jornada, como veréis no se puede pedir más en un día de monte.
La ruta elegida el día 26 de Enero fue Aciera-Villamejin, (en los concejos de Quirós y Proaza), aunque nosotros la alargamos un poco más y la hicimos hasta Proaza.
A las 10 quedamos todos para tomar un café en Proaza y plantear la ruta, decidimos dejar un coche en el mismo pueblo y subir todos con otros dos coches hasta Aciera, para llegar hasta dicho pueblo no tenemos más que pasar el embalse de Valdemurio y girar hacia la izquierda en un cartel bien señalizado que nos indica el camino a seguir hasta el pueblo, donde aparcamos alado de la iglesia y hacia las 11 ya estábamos todos preparados para echar a caminar con un sol esplendido que nos acompañaría toda la jornada y una temperatura ideal a esa hora.
Iniciamos nuestra caminata hacia el pueblo del Llano, pueblo con solo con 8 habitantes y donde se encuentra una escuela de escalada de reconocido prestigio en toda España. Desde aquí cogemos una desviación hacia la derecha (Norte) que nos lleva hasta la ermita de Santa Eulalia, seguimos caminando en pronunciada pendiente pero sin muchas complicaciones ya que ni siquiera se escuchan las protestas clásicas de Johnny como en otras excursiones, al poco ya empezamos a encontrar bastantes cabañas de piedra casi todas en perfecto estado, y un poco más adelante llegamos a una pequeña majada toda ella rodeada de imponentes robles y rodeada como decíamos por cabañas, desde aquí ya teníamos unas imponentes vistas tanto del concejo de Quirós como del Picu Gorrión y Peña Rueda al fondo, que debido al invierno tan extraño que estamos teniendo estaba sin una gota de nieve solo con algún pequeño nevero.
Seguimos en dirección hacia la majada de Aciera por un camino empedrado y en pendiente que nos lleva sin perdida (la ruta esta bien señalizada) a una fuente en la cual se divide el camino en dos, aquí tenemos que coger el de la izquierda, justo encima de dicho camino veremos las moles de granito donde practican los escaladores de la escuela mencionada anteriormente.
Seguimos ahora en dirección norte por un camino bien marcado y aunque parezca mentira con lo poco que llueve últimamente todavía encontramos zonas con bastante barro que pasaremos por la orilla con sumo cuidado todo el grupo menos nuestros dos amigos mak y Titán que atraviesan el barro por el medio y sin ningún problema (eso es hacer monte y no lo nuestro), como a los 15 minutos ya llegamos a la zona más alta de toda la ruta la Collada de Aciera, paso natural entre Quirós y Proaza, hermosa majada con verdes praderías con extensos pastos para el ganado.
El paisaje que aquí se nos ofrece es increíblemente colorido y vistoso. Se divisan con plena nitidez los valles de Quirós, con Peña Rueda al fondo, el Pico Gorrión, y el de Proaza, así como un conjunto de picachos en los que se refleja el sol, todo recortado en un limpio cielo de inmejorable azul intenso. Maravillosa visión.
Una vez en la cima unas fotos del paisaje un tragin de agua y como no Laura y Bea también les dan de beber a los perros que también tienen derecho coño.
Bueno pues después de esta parada para contemplar el paisaje en la Collada de Aciera 700m, máxima altitud de toda la ruta (todos menos paco que como siempre parece que tiene que coger el tren y ya había echado a andar), nos disponemos a bajar en dirección a Villamejin.
Apartir de ahora ya va toda la ruta en cómodo descenso hasta la misma Proaza , durante la bajada hacia Villamejin todo por un camino carretero bien cementado para soportar el duro invierno, hacemos alguna que otra parada para contemplar el valle de Proaza y descansar las rodilla que sufren algo en esta fuerte bajada, siempre acompañados de hermosos ejemplares de hayas que incluso algún que otro ejemplar nos deja ver sus increíbles raíces las cuales nos llaman la atención por su majestuoso tamaño.
Seguimos descendiendo hacia Villamejin y llegamos a las primeras casas del pueblo de Hiendelafaya que todavía conserva alguna que otra cabaña en buen estado.
En realidad no quedan en pie más de cinco. Las casas se encuentran dispersas (excepto las dos primeras), lo que puede despistar y parecer que se trata de una majada de las muchas que se disponen sobre las montañas del concejo. Despues encontramos la ermita, un escrito sobre su fachada y una ventana de estilo románico (ver foto) delatan a este edificio del que sólo queda la base de la construcción original. El campanario fue trasladado por los vecinos a una de las ermitas de Villamejín. Esta capilla si uno no baja fijándose y contemplando bien el paisaje es difícil de reconocer como supongo que les habrá pasado a casi todos en esta ruta de montaña, yo que estaba un poco más rezagado del grupo y bajando más despacio no tuve problemas para hacerle una foto a este hermoso arco románico.
La historia de Hiendelafaya es algo confusa, aunque parece claro que el origen de su despoblamiento se debe a un brote de lepra allá por el siglo XVII. De lo que no queda duda es de que fueron sus habitantes los que se fueron marchando ladera abajo y fundaron el actual pueblo de Villamejín. Lo que no está muy claro es si huían de sus vecinos enfermos o si en realidad el pueblo quedó desierto cuando, tras abandonarlo los habitantes sanos, murieron todos sus ocupantes que allí permanecieron afectados por la lepra.
En el pueblo están sepultados y ocultos por la vegetación los restos de lo que parece fue un hospital para leprosos.
Pues bueno seguimos camino abajo y al poco ya estamos en la entrada del pueblo de Villamejin, le preguntamos a un lugareño (ver foto), la dirección del hotel para tomar un culin y muy amablemente nos indica el camino e incluso nos ofrece dar una vuelta en burro, ocasión que no desperdicia Bea.
Llegamos a Villamejín que es uno de los pueblos en los que más y mejor se conserva la arquitectura tradicional de la zona; abundan los hórreos y paneras, y todo el pueblo esta muy limpio y muy cuidado, incluso con un hermoso y joven tejo.
Paramos a tomar un culin y una cervecina en dicho hotel para reponer fuerzas y charrando un poco con la señora del hotel nos comenta que el pueblo está emplazado a 468 m.a. y dista escasos dos kilómetros de la capital (Proaza). En 1970 su censo de población era de unos 190 vecinos. Actualmente, según nos indicó ella, las casas son unas 70 y los vecinos que residen todo el año no llegarán a 35.
Una vez tomado el culín de sidra arrancamos hacia Proaza, la carreterina local nos conduce directamente hacia allí, pero nosotros aconsejados por el amigo Falo nos decidimos por un caminin que sale a mano izquierda al poco de pasar la iglesia, sin perdida ninguna y aunque estaba un poco embarrada en no más de 20 minutos nos sitúa en la central eléctrica de Proaza, con lo cual damos por finalizada esta bonita ruta de montaña.
Cuando llegamos a proaza estaba en pleno apogeo el mercado Astur y Paco que estaba como los rapacinos que no callaba en decir tengo fame, quiero comer, pues nada dicho y echo nos dirigimos al mercado y venga un poquitin de chorizo de corzo, otro poco de potro, otro poco de venado unos cuantos quesos variados asturianos en el que incluimos el típico de Proaza y tan escaso, el queso de fuente de sabor amargo y fuerte, (creo que solo me gusto a mi), unos panes variados, de escanda, de centeno y de borona y unas empanadas de la zona, con todas estas golosinas asturianas nos dirigimos a la terraza de un chigre en la misma plaza del pueblo, encargamos la bebida y ala a disfrutar de tan colosal pitanza acompañados de un sol inmejorable para ser enero. Como ya se decía en tiempos de los romanos en Asturias nadie se levanta con hambre de la mesa, y creo que todos lo cumplimos a rajatabla.
Pues bueno como ya decía al principio creo que fue un día redondo, buen tiempo, buena compañía , buena comida y una ruta preciosa, que más se puede pedir.

Pablo Lara.

Tiempo: 3 Horas 30 minutos aprox.
Dificultad: Ninguna.


Bajando hacia Villamejin.


A la llegada a Villamejin con el hotel y Proaza al fondo.




















El joven tejo de Villamejin















Ventana de estilo románico del pueblo desaparecido de Hiendelafaya.







La amabilidad de la gente de Villamejin.


















Los dos hermanos.







El amigo Titán.


Bajando en dirección a Proaza.


Comentando la ruta.


Begoña comprando pan de escanda.


La familia comprando la comida en el mercado Astur.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola soy Asturiano residente en Zaragoza y te felicito por tu manera de describir las rutas paso a paso, espero ir este verano a mi tierra y realizar alguna de tus rutas de montaña.
Desde Zaragoza un abrazo y sigue así.

El oráculo del bosque dijo...

Muy buen artículo, las fotos son geniales.
¿Te importa si lo utilizamos como enlace en el grupo de Facebook sobre Villamejín?
Gracias =)