Area recreativa de la Pesanca.
Y por fin el Otoño.
El otro día me decía un amigo que porqué ponía en el relato del Picu Pienzu que cuando llegaría el otoño, que si no me gustaba el verano, y le dije que ni hablar que a mí el verano me encanta pero que en cambio para mí el otoño tiene algo muy especial en Asturias.
Para la gran mayoría de los asturianos, el otoño es una estación oscura, triste y siniestra, por un lado la vuelta al trabajo, poner al día las tarjetas de crédito que las dejamos temblando durante el verano y el saber que nos esperan otros once meses para poder disfrutar de las ansiadas vacaciones de verano.
Yo en cambio descubrí que el otoño es la mejor época del año para caminar por los bosques asturianos y si encima eres aficionado a las setas como yo entonces la estación del otoño todavía se pone mucho más interesante.
Durante la época del otoño Asturias es un verdadero paraíso en todos los sentidos, hay una increíble combinación de olores, colores y porqué no de sabores (setas, castañas, nueces, avellanas, sidra dulce).
Caminar por un bosque asturiano como el bosque que aquí relato en otoño es algo muy especial, el increíble color de los hayedos, todo el registro de tonalidades al penetrar la luz entre los árboles y ese extraordinario perfume que hay dentro de los bosques, la verdad es que es algo digno de disfrutar en esta época y yo aconsejaría que todo el que pueda se de un paseo por un bosque en otoño que no se arrepentirá nada.
Luego no podemos olvidar a los que les guste el buen comer como a mí, que el otoño es una verdadera fiesta gastronomica, ya empiezan esas jornadas de pote que organizamos después de cada ruta, como el pote de chus el Sastre, Casa Laureano, el de casa Prida en sietes y no enumero más porque os aburriría, sin olvidar las famosas jornadas de los callos que comienzan en otoño, la gran época de la matanza y todo los manjares que nos ofrece tan majestuoso animal y como no la caza esos platinos de corzo o jabalí, y esos amaguestos de otoño con un poco de sidra del duernu. (no sigo hablando de comida porque ya estoy babeando).
Para mí hoy empezó el ansiado otoño ya que aparte de disfrutar de un día en el bosque del infierno, la recogida de setas fue muy fructífera (ver foto), y como no, llegar a casa y poder disfrutar de dicho trofeo es todo un placer.
después del ejercicio y el aire puro de dicho bosque, llegar a casa una duchina y ponerse a elegir las mejores setas con ese olor a bosque que le da una fragancia increíble a toda la casa, y ponerse a cocinar con una buena botellina de vino en estos días que ya empiezan a acortarse y que solo apetece estar en casa ya sea por el tiempo o por la crisis que estamos pasando.
Por eso como le dije a mi amigo bienvenido sea el otoño coño.
Mi gran trofeo de Macrolepiontas Proceda después de la ruta.
EL BOSQUE DEL INFIERNO
El punto de partida para realizar esta ruta que hice en solitario el día 18 de octubre del 2008, es el área recreativa de La Pesanca, para llegar hasta allí primero nos dirigimos hasta Infiesto una vez atravesado el pueblo cogemos una estrecha carretera local que sale a mano derecha con dirección a Espinaredo a través de un valle de laderas boscosas y prados que ocupan todo el ancho de la vega, este día, todas estas vegas estaban de macrolepiotas proceda hasta arriba con lo cual antes de llegar al punto de partida ya había recogido mi cesta entera de dicha setas, bueno pues seguimos camino entre las caserías y al poco llegamos al hermoso pueblo de Espinaredo que tantas veces pinto sus hórreos el montañero y pintor Nicanor Piñole, en este pueblo hay una de las densidades más elevadas de hórreos de toda Asturias y están muy bien conservados, Espinaredo es uno de los pueblos más interesantes de la región para admira la arquitectura rural tradicional asturiana, por otro lodo no hay que olvidarse de ver el hermoso tejo que hay delante de la iglesia, y aunque está muy hermoso tendrían que tener cuidado y no colgarle carteles ya que el pobre está llego de chinchetas e incluso cuelga de él un panel informativo.
Una vez atravesado Espinaredo seguimos por una carreterina muy estrecha en dirección al pequeño pueblo de Riofabar que es una pequeña aldea por la que parece que no avanza el tiempo, seguimos avanzando y al poco ya llegamos a La Pesanca, nuestro punto de partida y donde podemos dejar nuestro coche.
La Pesanca es una área recreativa, con bancos y mesas de madera a la sombra de castaños, robles, arces, abedules y alisos.
A partir de aquí, la carretera se transforma en una pista forestal que llega hasta la Hoz de Moñacos punto final de nuestra ruta y muy fácil de caminar toda ella.
Bueno pues después de dejar el coche y hacer unas cuantas fotos al área recreativa ya que la tonalidad de los árboles hacia que fuera irresistible el no hacer algunas fotos, nos dirigimos por dicha pista forestal hasta llegar a una pequeña majada llamada el Muñizón, donde podemos encontrar antiguas cabañas muy bien restauradas y acondicionadas incluso con placas solares.
Seguimos adelante, sin desviarnos, al poco rato, a nuestra izquierda, vemos la majada cuyo camino dejamos atrás y en donde también es patente la modernización de sus construcciones. Durante el recorrido pasamos por varios puentes, que cambiarán su nombre dependiendo de la persona a la que se le pregunte, no obstante, algunos se conocen como puente de la Tarantosa, puente de la muerte (en recuerdo de un accidente que costó la vida a varias personas que ajaban en un camión cargado de madera) y entre unos y otros podremos contemplar cómo el río de los Infiernos ha tallado su cauce en la roca viva formando una foz en la que la luz del sol apenas entra. En este trayecto cruzaremos una portilla de madera que impide el paso de los vehículos no autorizados, y también veremos algunos senderos que nos permitirán bajar al río, para poder fotografiar las pequeñas cascadas que en esta zona son muy frecuentes.
En esta primera parte de la ruta, avanzamos a través de un bosque mixto en el que llama la atención la presencia del roble americano, una especie introducida en el siglo XVIII y de grandes hojas lobuladas acabadas en pequeños dientes y que presentaba unas magnificas tonalidades. El sotobosque está literalmente cubierto de helechos que incluso tapizan algunos troncos.
El comienzo de la pista.
Infinidad de pequeños saltos de agua durante todo el camino.
Proseguimos nuestro camino ahora por un tramo umbrío, envueltos por un bosque en el que los musgos cubren de verde los troncos de hayas, robles, y alisos y al poco llegamos a una bifurcación en una zona que recibe el nombre de El Patín, hacia la izquierda sale un camino privado por lo le nosotros sin ninguna perdida nuestro camino.
Enseguida, el camino comienza a ganar altura rápidamente a base de curvas y contra curvas. Casi imperceptiblemente, el bosque va siendo dominado por el haya aunque en las orillas del arroyo de los Cubilones siguen apareciendo avellanos, sauces y robles. De vez en cuando densas manchas de helechos tapizan el suelo del hayedo pero por lo general aparece desnudo, cubierto por un manto castaño de hojas secas con unas tonalidades verdaderamente increíbles. Tras cruzar frente a la estrechez de la Hoz de los Cubilones, la pista se adentra en el Monte Corvera dejando cada vez más atrás el rumor de las aguas embravecidas.
En este último tramo, encontraremos algunas desviaciones, poco marcadas la mayoría de las veces, aunque en ningún caso debemos abandonar el camino principal. Continuamente vamos subiendo de una forma progresiva, manteniendo un buen ritmo sin excesivo esfuerzo. A medida que nos acercamos a la Hoz de Moñacos empiezan a aparecer avellanos al borde del camino que se hacen más abundantes cuando llegamos a la orilla del riachuelo. También crecen arces, acebos y fresnos que no ocultan los altos riscos de la sierra de Pandemules, que se yerguen amenazadores sobre nuestras cabezas.
Al poco tiempo sin ningún esfuerzo salimos a una hermosa pradería rodeada por una loma a modo de anfiteatro cubierto de bosque. Hemos alcanzado el Monte Moñacos en un lugar inmejorable para descansar y tomar un trago y comer un pinchin, contemplando la lejana sierra de Aves a través del estrecho hueco del desfiladero.
El camino de regreso lo aremos por el mismo camino y viendo como nos proporciona una nueva perspectiva del bosque y nos da la oportunidad de descubrir nuevos detalles.
Pablo Lara.
Duración de la ruta: 4 horas.
Dificultad: Ninguna.
Una imagen del bosque del Infierno.
Ver el bosque cargado hasta arriba de Amanita Muscaria era todo un espectáculo que solo se puede ver en otoño.
Todo el camino era una autentica alfombra de hojas.